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domingo, 1 de noviembre de 2009

Cuándo, y por qué??


Te has preguntado alguna vez: Cuándo, y por qué se nos rompe el corazón???? Una pregunta que muchos de nosotros nos hemos hecho en más de alguna ocasión. cuándo cruzamos etapas difíciles en nuestra vida, en esos momentos en los que no hayamos que decisión tomar, y, nos embargamos a las decisiones equivocadas, sin buscar ayuda profesional…

“Parece que cuando todo deja de tener importancia nos invade un dolor indescriptible y es necesario aprender a olvidar”

Muchas veces nos rompen el corazón, pero no por amar demasiado, sino por el desamor. Y aquí está la clave: Podríamos morir de amor?, claro está que en sentido figurado… Al seguir leyendo este articulo te darás cuenta porqué te lo digo.

Muchos de nosotros seguramente hemos conocido a más de una persona, que cuándo su pareja ha partido, al poco tiempo pierde las ganas de vivir y le sigue rápidamente, por no haber aprendido a superar la soledad y la desolación que deja esa persona, se abandonan y se dejan morir.

Casi lo mismo pasa cuando se ama a alguien, y ese alguien te deja. Es tan grande el dolor que nos provoca, que nuestra vida queda en completo abandono, el dolor es cada día más grande, tanto que parece que nunca vamos a poder superarlo. Recurrimos a fármacos para evadir la realidad, pastillas para dormir, para despertar, para estar animados, incluso llegamos a tomar terapias con profesionales (lo cual nunca te hará mal, al contrario).
Si nos ponemos a pensar fríamente, veremos que todos nuestros pensamientos, percepciones, emociones y sentimientos, tienen su origen en la mente humana y en nuestro cerebro.

El corazón es un músculo macizo, generoso y resistente que no duele, lo que duele y lastima son las señales (mensajes o descargas eléctricas) que emite el hipotálamo del cerebro, enviándolas en milésimas de segundos a nuestro músculo llamado corazón que recibe la descarga y obviamente se siente dolor. Pero como desconocemos estas cuestiones, creemos que es el amor el que nos duele y no es así, porque el amor no duele.

Estos órganos vitales de nuestro cuerpo están conectados entre si, a través de las sinapsis o ramificaciones mensajeras de las neuronas cerebrales, que son las que guardan los histogramas de recuerdos, y generan energías de todo tipo que viajan por todo el cuerpo, generando y provocando dolor o alegría, frío o calor, sueño o insomnio, etc.

Por ejemplo: Cuándo tenemos una alegría, las betaendorfinas generadas en el plasma cerebral, hace fluir la sangre muy rápido por nuestras venas, haciendo que los latidos del corazón se aceleren hasta dejarnos muy mal paradas, lo mismo sucede cuando nos enamoramos, las hormonas maduras se revolucionan al ser “empujadas” por las endorfinas, sentimos calor, impulsos de creatividad y actividad al mil por hora, y que todo corre muy rápido dentro de nosotros y llega muchas veces hasta subir la presión o provocar dolores de cabeza. O cuando sucede todo lo contrario, cuando estamos tristes, hay disminución de betaendorfinas en el plasma del cerebro, y estas sustancias son las que regulan el sistema de bienestar o malestar de las personas, produciendo una sensación de decaimiento, agotamiento también por el desgaste de cortisol en el cerebro, por eso nos sentimos cansados y con mucho sueño.
Volvemos a lo que les estaba hablando, estos dos órganos (cerebro y corazón), están siempre conectados entre si…

Entonces ¿Podemos morir de amor? Clínicamente sí, (sustentadas en las anteriores explicaciones biológicas), cuando nos dejan de amar, cuando el desamor aparece en nuestras vidas, la verdad sentimos que el corazón se nos rompe en mil pedazos. No sabemos cómo hacer, ni qué decir ni qué hacer porque no hemos aprendido a controlar nuestras emociones y aparecen las llamadas crisis depresivas, acelerando y provocando infartos… ¡y claro que podemos morir!, el corazón es una máquina que también se cansa de sufrir y puede fallar en cualquier momento por tantos problemas en nuestras vidas que parece imposible que los vamos ó podamos superar. ¿Verdad?

Sería bueno que valoremos y analicemos lo que estamos leyendo, los estados de estrés recurrente, los estados de ansiedad asfixiante, y los estados de neurosis depresiva, son factores de alto riesgo para generar cortos circuitos en la corteza cerebral y un corto circuito apaga y desconecta todos los sistemas orgánicos en cuestión de segundos de vida.

Si en estos momentos estas pasando por un período de mucho dolor, hay pautas a seguir:

1. Aprende a respirar lo más serenamente posible, es lo básico, tienes que proveer de oxígeno a tu cerebro.

2. No luches contra tu mente… ¡Conviértete en observador de tu mente! para que se sienta vigilada y se canse.

3. Piensa qué es lo que esta pasando dentro de ti, qué es lo que hace que estés en tan mal estado.

4. Reconstruye mentalmente lo que te hace daño, fíjalo en tu mente y bórralo imaginariamente con la goma de un lápiz o quema esa imagen.

5. No tengas miedo al abandono, es sólo un estado mental pasajero. Cuando naciste no llegaste acompañada de nadie, cuando te toque regresar, tampoco te irás acompañada de nadie.

6. Llora todo lo que quieras, las lágrimas lavan el alma, descansas de tus penas y te fortaleces en espíritu.

7. Sé optimista, piensa si vale la pena que tu vida se vaya a la borda por alguién que dijo no amarte.

8. Ten el coraje de enfrentar al dolor, no le hagas de lado, enfréntate a él, sólo así podrías salir adelante.

9. Sólo las personas que tienen a Dios en su corazón serían capaces de soportar eso y mucho más en la vida.

Muchos de nosotros pasaremos alguna vez en la vida por esta situación de abandono, tomemos el control de nuestras vidas, que seamos nosotros los que gobernemos y dominemos nuestra vida, seamos capaces de enfrentar el dolor, sabiendo qué es lo que lo provoca y desde dónde se genera, podemos modificarlo cambiando de actitud. Seamos personas valientes que estamos para vivir felices y agradecidos por lo bueno y lo malo que la vida nos presente.

Las personas que tienen tendencias a la depresión son personas muy sensitivas y llenas de añoranzas y melancolías, esas son las que lo llevan peor, pero si te das cuenta que todo esta en TU MENTE… ¡le habrás ganado la partida!
Recupera tu estabilidad emocional, y se realista, no vivas de sueños que ya no se cumplieron, enfrenta tu miedo a la soledad te sorprenderá que también se puede convivir con ella, y verás que el “síndrome del corazón roto” lo podrías trascender, superando el dolor, respetándote, amándote y embelleciendo tu propio mundo primero.

Con mucho cariño para ustedes.

domingo, 12 de julio de 2009

El tiempo...


¿El tiempo es: lento, rápido, largo, corto o eterno?

El Tiempo es demasiado lento para aquellos que esperan…
El Tiempo es demasiado rápido para aquellos que temen…
El Tiempo es demasiado largo para aquellos que sufren…
El Tiempo es demasiado corto para aquellos que celebran…”

¡Cuántas veces hemos deseado detener el tiempo! Por ese instante que estamos viviendo, esa etapa o situación tan feliz que no queremos por nada que se nos vaya…

Hay veces que quisiéramos detener el tiempo, nos sentimos tan dichosos que decimos “¡Mi Dios detén este tiempo!” pero nada, el tiempo se va como agua entre nuestros dedos, y no podemos hacer absolutamente nada para pararlo. El tiempo es así, va pasando y no nos damos cuenta cuando estamos viviendo otros tiempos.

También hay otra cara de la moneda y es cuando el tiempo que estamos viviendo es tan cruel, nos duele hasta los huesos este tiempo que estamos viviendo, es tan horrible que sólo deseamos cerrar los ojos y pensar que es una pesadilla… y que “Dios mío, quisiera que el tiempo pase pronto, no me dejes en este tiempo abandonado a mi suerte y a todo lo malo que estoy viviendo”.

Tiempos de buenas nuevas, hay tiempos que en nuestras vidas nos marcan para siempre ya sea por alguien que amamos con todo nuestro corazón, por alguien que nos hizo sentir en las nubes que vivíamos un verdadero sueño de amor, un tiempo de una felicidad inexplicable y egoísta porque nos encerramos en ese sentimiento que nos hizo olvidar todo lo que nos rodeaba.
¿Les parece conocida esta historia?

Creo que sí, porque siempre que estamos en un estado de felicidad nos encontramos tan bien con esa persona que todos los demás sobran, pero cuidado, recuerda que no puedes vivir eternamente apegado a una persona, hay que saber dejarles respirar o ese bello momento será una tortura a la larga.

Recuerden que el tiempo es lo único que no podemos detener, se manda solo, va por nuestras vidas entregando diferentes tipos de sentimientos.

Siempre es bueno no alejarse mucho de nuestras familias o amigos porque algún día los necesitaremos aunque no queramos, no deseamos que nadie tenga que sufrir un día en la vida, pero parece ser que es un equilibrio, hay que sufrir para poder valorar la felicidad, no existe amor sin llorar alguna vez, entonces debemos estar atentos que nuestro tiempo en la tierra está llena de contrastes.

El tiempo, es como un camino que debemos caminar ya sea para nuestro bien o para nuestro mal, sólo hay que caminar sin detener nuestros pasos y sin mirar hacia atrás.

¿Y tú, que tiempo estas viviendo?

jueves, 21 de mayo de 2009

Sin decepciones ...

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En distintos momentos de nuestra vida nos sentimos decepcionados o desilusionados, porque las cosas no salieron como queríamos, porque alguien no respondió de la manera esperada… en fin, por un sinnúmero de razones variadas. A continuación, te ofrezco una guía práctica para sobrellevar el momento de la decepción.

Te propongo que transitemos por lo que sucedió a fondo, por última vez, y luego que nos enfoquemos en cómo capitalizar este hecho para acceder a un futuro más pleno.

Primero, es necesario pensar en lo que realmente pasó, para poder despedirnos de los recuerdos que el hecho conlleva.

Enfocar qué nos produce esta sensación que nos invade en este momento. Si incluye a una persona, especificar qué esperábamos y no ha sucedido, o no ha cumplido, o ha dejado de hacer. Si son hechos, separar el azar o las actitudes de los demás de las nuestras.

En segundo lugar, preguntarnos (nuevamente, por última vez) por qué nos afecta tanto esto. Cuál ha sido nuestra responsabilidad para que eso ocurriera (o no ocurriera). Por qué nos sentimos decepcionados (y no de otro modo).

Una decepción es lo mismo que una des-ilusión… ¿cuál es la ilusión que se ha visto afectada? ¿Era realista? ¿Tal vez exigimos demasiado de una persona o de una situación?

Tercero: ¿qué aprendemos de esto? ¿Qué enseñanza nos queda, hacia el futuro? ¿Qué podemos modificar para que algo así no vuelva a pasar? Este paso es importantísimo para que llegue el alivio final y puedas avanzar hacia tu futuro, con mayor tranquilidad y paz interior.

Siempre hay gente confiable alrededor nuestro, y hay oportunidades para que cumplamos nuestros sueños.

De nosotros depende darnos cuenta de quién es quién, ser realistas y esperar lo mejor, porque puede y va a suceder.

Y para terminar: Sí pones en práctica estas recomendaciones, dejaras atrás todas esas decepciones que por algún motivo te llevan a pasar tristes momentos...

RECUERDA SIEMPRE ESTO:

Todo depende de tí!.....



martes, 21 de abril de 2009

Personas que dejan huella...



Miles de personas pasan por la vida, pero sólo unas pocas se quedan en la mente o mejor aún… En el corazón.

Estamos en este mundo por y para algo, nada es casualidad, sino causalidad. Todo lo que se hace ya estaba escrito.

Lo que tenemos que hacer para que nuestro paso por la vida no sea sólo un nombre, o un número de identidad, es tratar de ser una persona que se recuerde, dejar una enseñanza, que se nos recuerde por las buenas obras que hemos hecho, por la ayuda desinteresada a nuestros semejantes…

Por ejemplo:
Alguna vez tuvimos un maestro que nos marcó la vida con sus enseñanzas, hemos tenido la suerte de haber conocido grandes personas que sin ser un estudioso de libros su experiencia nos dejó muy buenos recuerdos y pasen los años que pasen nunca se olvidará, porque siempre sale a nuestro encuentro algo que nos ha enseñado.

Una breve historia :

El padre de una buena amiga al cual ella le nombraba como “papaíto amado” nunca fue un hombre de Universidad, porque sus años fueron muy duros y había que trabajar para los hijos, pero él nunca se conformó con mirar, leía todo lo que pasaba por sus manos, les enseñó a interpretar la Biblia, les hablaba de los grandes héroes y tiranos de la tierra, les habló de la guerra y también les habló de la paz, les enseñó que más vale dar que recibir, que uno se siente mejor con ello, aun cuando otros puedan pensar que se es tonto dar algo a quien no se lo merece.

Decía que eso no era lo importante, porque lo que tenía valor, es que esa otra persona que recibiera lo que dábamos nunca nos olvidaría.

Él era un hombre autodidacta, siempre asombraba su gran capacidad de saber todo lo que uno le preguntaba, en eso era un hombre muy culto.

Pero más que nada, lo que hizo y hace que sea una persona que haya dejado huellas, fue su gran amor para todos los que lo necesitaban, siempre tenía una palabra amable, un gesto de amor.
Pienso en ello, recordándole ahora que ya hace 7 meses que no está, conocí en él a un hombre que sin ser un letrado, tenía la palabra exacta para hacerte sentir importante. Su sonrisa y sus ojos eran limpios y serenos, nunca se alteraba, y si lo hacía pedía disculpas.

Su “papaíto amado” era un humilde servidor para todos, eso le hace inolvidable. Sus huellas, como raíces, quedaron plantadas muy profundas en la vida de quienes lo rodearon.

¿Tienes alguna historia de alguien que marcase huella en ti?
Me gustaría leer esa historia.

viernes, 17 de abril de 2009

El poder de las...



Las palabras que otras personas pronuncian suelen tener un impacto notable en nuestro estado de ánimo y en nuestra conducta, ya que el canal auditivo es de suma importancia en la gran mayoría de los seres humanos. A veces, incluso, le prestamos más atención a lo que otros nos dicen que a nuestra propia voz interior. Pero no conocemos las causas reales que motivan a los demás a pronunciar las palabras con las que se comunican con nosotros.

Escuchamos lo que realmente esperábamos oír y nos sentimos felices. Es una confirmación de nuestros deseos y anhelos. Pero, ¿no nos estarán diciendo algo que después no cumplirán? ¿Cómo saberlo? ¿Cuánto de lo que nos dicen es real y cuánto es tan solo una fábula, el deseo de agradar, de congraciarse o de lograr lo que desean? ¿Cuánto es producto de la imaginación o de las necesidades, tanto nuestras como de quien está frente a nosotros?
Estamos rodeados de frases repetidas hasta el cansancio. Por nosotros mismos, por quienes nos rodean. Palabras dichas una y otra vez, como si por su mera repetición y por arte de magia se transformasen en una realidad. Por ejemplo: “El fin de semana te llamo” .“Es la última vez que te pido que trabajes fuera de hora”. “Nunca más voy a llegar tan tarde a casa sin avisar”… ¿Por qué solemos aferrarnos tanto a las palabras de otras personas si no condicen con sus acciones?
El marido infiel, el novio impuntual, el jefe gritón, el padre olvidadizo, el amigo. Nos explican sus razones, y aunque dentro de nosotros sabemos que nos conviene no dar crédito a lo que oímos, la necesidad imperiosa de que digan algo que nos alivie el malestar es tan grande que, que por más que juremos una y otra vez no hacerlo, los escuchamos. De a poco comenzamos a vislumbrar en las frases de esa persona tan importante en nuestra vida lo que tanto queríamos: palabras de arrepentimiento, de amor, promesas varias, mientras sus ojos esquivos miran hacia otro lado, incapaces de sostenernos la mirada, o con una cara que ya conocemos: sus palabras no tienen eco en su interior y no están conectados internamente con lo que están expresando de manera verbal.

Lo más probable es que encima de todo este cuadro, bloqueemos nuestro canal auditivo y sólo prestemos atención a aquello que consideramos esencial de lo que nos estén diciendo, dejando detalles de lado. O distorsionemos la realidad al punto tal de entender algo completamente distinto al mensaje que la otra persona está tratando de darnos.

Para sacar algo en limpio la próxima vez que estés inmerso en esta situación tan engorrosa, pregúntate:
¿Qué palabras son las que más resuenan en tus oídos? ¿Qué tuyo, personal, ves reflejado en ellas?
¿Qué quieres creer? ¿Qué necesitas aplicar para no distorsionar lo que escuchas y captar el mensaje exacto que la otra persona te está dando?
¿Qué grado de responsabilidad tienes en esperar que otra persona que siempre te promete algo y no lo cumple, de la noche a la mañana cambie su actitud, sólo porque es tu deseo? ¿Por qué necesitas que otra persona reaccione de la manera que tú quieres? No se le pueden pedir peras al olmo, así como no le puedes exigir a alguien poco confiable o que no le da valor a las palabras, que cambie su modo de ser por ti. Los cambios se producen cuando una persona está internamente preparada y deseosa de experimentarlos, no por presiones externas.

Hay distintas maneras de saber si las palabras que nos dicen son huecas o tienen algún viso de verdad, y una de ellas es la congruencia. Fíjate si lo que te dice esa persona se ve reflejado en sus actos, en cómo se dirige a ti, en la veracidad de sus dichos. Basándote en su patrón de comportamiento sabrás a qué atenerte y de qué modo establecer una comunicación efectiva y realista con esa persona, siempre que necesites hacerlo.

Por último, te diría que confíes siempre en tu intuición más que en lo que otras personas te digan. Esa vocecita que a veces te da consejos, te pide que esperes o que actúes, o te recuerda datos en momentos claves es quien refleja tu verdadero ser. Sólo tu inconsciente te conoce plenamente y es quien te dará señales inequívocas para alcanzar los objetivos que deseas.